viernes, 26 de junio de 2009

Internet vs. medios tradicionales

En el pasado Congreso de Webmasters de Madrid 2009, donde dos representantes de nuestra agencia de publicidad acudieron en calidad de oyentes y para participar en los diferentes seminarios, charlas y talleres, el considerado gurú de internet en España, Rodolfo Carpintier dijo algo que quizás pasó desapercibido pero a nosotros nos llamó enormemente la atención: "En una época de crisis como la que estamos viviendo internet sufrirá una auténtica revolución, (...) actualmente los medios tradicionales están dejando paso a las nuevas tecnologías, y sobretodo a internet como medio de comunicación (...) lo que antes era impensable, (internet como medio publicitario y receptor de grandes inversiones publicitarias) está ocurriendo, los que antes éramos auténticos visionarios y tildados de locos, parece que ahora debemos ser la panacea del mundo de la publicidad".

Evidentemente, tras las palabras de Carpintier, se esconde una realidad que estamos palpando cada día; y no por ser internet la panacea del mundo de la publicidad, sino porque internet ha pasado de ser considerado un medio secundario de apoyo a todo un complejo sistema de enlaces y opción primaria en muchas campañas de publicidad.

La crisis económica ha empezado a hacer una criba de todos aquellos medios que nacieron bajo el amparo de la burbuja económica. Internet, sí era entonces considerado como medio para ejecutar campañas publicitarias secundarias, de apoyo, y como gran índice donde anunciar (sobretodo) pisos, coches y material de segundamano. Y para muchos, además, era también una especie de Páginas Amarillas mundial (otra empresa destinada a desaparecer en su edición de papel). Pero nadie tomó en serio internet.

Tras el estallido de la crisis económica, muchos periódicos gratuitos (sino la mayoría) desaparecieron al ritmo que las empresas inmobiliarias también lo iban haciendo. Y es que el modelo económico de este tipo de prensa se basaba exclusivamente en este tipo de cliente.

La inversión de publicidad en prensa está actualmente bajo mínimos, y aunque la mayoría de periódicos lanzan ofertas, el cliente no está receptivo. Sólo hay que tomar de ejemplo lo siguiente:

- 1 módulo de dimensiones reducidas en un periódico de tirada provincial como La Vanguardia supera los 300 euros en tirada dominical. Sale publicado una sola vez, con lo cual necesitamos al menos 4 inserciones para que nuestra pequeña campaña publicitaria surta efecto. El montante son 1200 euros por 4 publicaciones. Tras estas publicaciones el anuncio ya no es efectivo y hemos llegado (quizás) a un millón de personas, de los cuales no sabemos ni si son nuestro público 100% objetivo, si tienen interés de compra, las estadísticas reales de audiencia, segmentación, etc. Sólo a través de las llamadas y posteriormente su conversión a ventas, podremos establecer el éxito o fracaso de nuestra acción publicitaria. Y esto nos puede llevar más de un mes, con lo que la capacidad de reacción es muy limitada.

Internet ha revolucionado las estrategias de venta volviéndolas moldeables, con causa/efecto inmediato.

La inversión publicitaria en internet nos permite: segmentar a la audiencia en base a sus preferencias (portales especializados); auditar los resultados de nuestra campaña publicitaria en base a las estadísticas en tiempo real ejecutando acciones en base a la cuenta de resultados; economizar nuestras campañas ya que la inversión en internet es mucho más económica; abortar inmediatamente nuestra campaña de publicidad en caso de ser poco efectiva.

Con esto no queremos decir que internet sea el único medio rentable donde publicitar nuestra empresa, pero quizás sí ha dejado de ser el eterno medio segundón; desplazando, sobretodo al medio escrito y el radiofónico. Si antes eran los periódicos los que regalaban sus espacios vistuales contratando anuncios de prensa, ahora los mismos soportes cambian de estrategia y le dan la vuelta: anúnciate en nuestros portales y te regalamos los anuncios en el medio escrito.

Y es que en el mundo de la publicidad, sí vale aquello de: renovarse o morir.

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